En la sociedad donde vivimos, donde todo está evolucionando muy deprisa y las exigencias crecen con la evolución, nos resulta difícil disfrutar de la vida sin preocuparnos.
Es verdad que cada vez más acuden a nuestras consultas psicológicas personas preocupadas por su pasado, su presente y su futuro, presentando síntomas como ansiedad, miedos, obsesiones, tristeza, pensamientos negativos… personas que en muchas ocasiones están bloqueadas para la acción.
Estamos preocupados por infinidad de cosas olvidándonos de valorar lo que tenemos hoy y de vivir y porqué no, disfrutar nuestro presente activamente, ocupándonos.
La actitud de preocupación es negativa y pasiva. En la mayoría de los casos preocupándonos no hacemos ni solucionamos nada pero sí nos sentimos mal.
¿Cuándo las preocupaciones pueden convertirse en obsesiones?
Cuando existen pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan como intrusos e inapropiados, y causan ansiedad y malestar significativos.
Los pensamientos, impulsos o imágenes no se reducen a simples preocupaciones excesivas sobre problemas de la vida real.
La persona intenta ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes, o bien intenta neutralizarlos mediante otros pensamientos o actos.
La persona reconoce que estos pensamientos, impulsos o imágenes obsesivos son el producto de su mente.
Porqué no ocuparnos de vivir la vida menos preocupados por casi todo y más ocupados en actuar en nuestro presente de forma positiva, serena y tranquila. Probablemente los resultados serían mucho mejores y lo que no cabe duda es que pase lo que pase seríamos un poco más felices.
La felicidad está en nuestras manos. No son tan importantes las experiencias sino la actitud con la que nos enfrentamos a ellas.
Artículo escrito por Carlota López-Balcells Alvarez y publicado en SALUD Y VIDA (suplemento de la Vanguardia nº 105)